martes, 9 de noviembre de 2010

Un ejercicio impuesto

AZZA
Tenían siete semanas sin salir. La vecina lo había notado porque ella notaba todo: si entraban, si salían, si comían, si los visitaban, hasta si sacaban la basura en los días estipulados para ello. Y no sólo me refiero a ellos (Luis y Laura) sino el resto de mortales que vivían en esa cuadra. Tenía absoluto control sobre los habitantes de ese lugar que a lo mejor por eso Luis y Laura disfrutaban tanto de no tener que verla.
Los encontraron en un abandono total. No podían determinar desde cuando habían decidido no alimentarse, pero sus ojeras estaban tan amoratadas que tuvieron que moverlos para comprobar que no estaban muertos. Podía decirse que estaban enraizados al sofá. Allí tendrían quién sabe cuánto tiempo pensando en la inminente destrucción. Se habían devanado los sesos cavilando en las posibles maneras en que la tierra desaparecía. A Luis le parecía muy romántico que un meteoro se estrellara contra todo lo que hasta ese momento conociera, que decidió abrazarse de Laura en una espera sempiterna. Con aquel abrazo esperaba eternizar ese amor dulzón que sabían que se tenían pero que nunca tuvieron tiempo de expresarse. Él no lo hizo porque le parecía que manifestarle cierta devoción era muestra de debilidad y ella quizás, porque no fue criada en ese ambiente enternecedor de padres cariñosos que se besan delante de los hijos al levantarse o al irse a sus respectivos trabajos. Había sido más bien una niña solitaria y hasta abandonada. Creció dentro de una apatía que tenía la manía de evidenciársele de modo permanente.
Laura por su parte, se imaginó que la destrucción del planeta vendría por un ataque extraterrestre. Aquellos hombrecillos verdes de los clásicos del cine seguro serían muy distintos, pero sin duda: escalofriantes. Por ello, permaneció — sin mostrar exceso de apego— aferrada a los brazos de Luis con la misma ternura que él debió desear de su parte por mucho tiempo.
Allí, tendidos en el sofá como si los hubiesen clavado con tornillos, esperaban un fin que nunca llegaba. Podían percibir, de vez en cuando, el olor a tocino frito de la casa de los Mendoza. Ese, que tantas veces les hizo dejar completo el desayuno en una repulsión que habían tomado por los cerdos muertos y que no le hallaron explicación. Pensaron, sin atreverse a comentarlo al otro, lo pobres que eran los vecinos al continuar con sus rutinas diarias sabiendo que el fin del universo se acercaba. De pronto era mejor así—llegaron a meditar en silencio— no obstante, prefirieron seguir echados en el sofá hasta que llegara la infinitud.
Cuando sintieron que forzaban la puerta no se molestaron (quizás por no poseer fuerzas o porque el insoportable peso de la dejadez no los dejó) en poner resistencia. Se apretujaron con mayor fuerza y se imaginaron que era la hora del final. Vieron a la vecina más desfigurada y fea que de costumbre. Se parecía mucho a la primera vez que la habían visto. Fue el día de su llegada a ese vecindario. La mujer tenía una mascarilla verde que hacía parecerla a los hombrecillos extraplanetarios que temía Laura.
Aterrada de ver semejante espectáculo, la vecina se adelantó al interrogatorio del jefe de bomberos y les inquirió: ¿Qué les pasó? ¿Están enfermos? ¿Qué tienen? Tratando, al mismo tiempo, de observar con la mayor rapidez posible, todos los detalles de ese apartamento: su descuido, su decoración, hasta su falta de candidez, pues, no le habían dado oportunidad antes de hacerlo. Quiso memorizar cada detalle pero el afán de saber el porqué de aquel absurdo encierro fue más fuerte que ella.
Luis y Laura no podían divisar con exactitud quién lucía más invasor, se miraron por un momento como queriendo detener el tiempo. Sus miradas se entrecruzaron en un suspiro largo. Trataron de hallar en los ojos del otro aquella pasión que los había unido por tanto tiempo sin ni siquiera haberse dicho por casualidad: te quiero. Se vieron y continuaron callados. Los encargados del rescate, tratando de abrirse paso ante la impertinente vecina, no se atrevían a moverlos; podían estar heridos o asustarse a tal punto de ponerse agresivos. Se desesperaron ante aquel silencio y les solicitaron que salieran, que era necesario llevarlos a un hospital.
Después de unos breves segundos, que pudieron parecerse a siglos en el halo de amor que desprendían los dos, salieron abrazados y huyéndole al sol. Afuera, una bandada de periodistas hambrientos, los esperaban ansiosos por conocer los detalles del ataque de fobia a la gente que los había invadido. Ante los flashes, Luis y Laura soltaron sus entrecruzadas manos y se sintieron por primera vez —desde que estaban juntos— perdidos y abandonados.

domingo, 12 de septiembre de 2010

ORIGEN DE ALGUNOS "DICHOS" VENEZOLANOS

CULTURA POPULAR VENEZOLANA



Dame la colita. En las batallas que se libraban en laépoca de la independencia, no había suficientes caballos como para que todos los soldados montaran uno. Así que gran parte de los soldados,se veían en la necesidad de cubrir grandes distancias a pie. Por eso, cuando les tocaba subir una pendiente, le solicitaban al soldado que iba a caballo, mula o burro: Dame la colita, en otras palabras, dame permiso para agarrarme de la cola del animal para subir con menos esfuerzo la pendiente. Se quedó para siempre 'Dame una colita'.



Corotos. Antonio Guzmán Blanco, quien fue tres veces presidente de Venezuela tuvo una educación con fuerte influencia francesa, fue diplomático acreditado en ese país. En su estadía por el país europeo, su mujer se aficionó mucho por las pinturas del pintor francés, Jean Baptiste Corot, teniendo una respetable colección, de la cual no se separaba. Cuando vivían en Caracas, cada vez que se mudaban de casa, cosa que hicieron con mucha frecuencia, le indicaba a los empleados que embalaban los enseres: Tengan mucho cuidado con los 'Corots', es decir las pinturas. Los empleados fueron generalizando la orden convirtiendo en 'corotos' toda clase de cosas propias de una casa.



Macundales. Para abrir picas, en el proceso de exploración de la industria de los hidrocarburos en Venezuela, se utilizaron unos machetes ingleses de marca Mc Undale. Los trabajadores, le dieron el nombre de Macundales, cada día, a la hora de terminar la faena, decían: llegó la hora de recoger los Macundales (machetes) y así se ha quedado, hasta el día de hoy, recoger tus macundales significa recoge tus cosas y vete.



Échale pichón. En Venezuela, cuando se le pide un esfuerzo adicional a alguien para desarrollar alguna tarea que requiere algún esfuerzo se le dice 'échale pichón'. En la época en la que no había acueductos ni sistemas de distribución del agua, ésta se extraía con bombas manuales que tenían una palanca que decía: 'Push On'. La utilización y mala pronunciación de esta palabra para decir que pusieran a funcionar las bombas, derivó en pichón. Échale pichón era: Dale a la bomba.

¿No lo sabías verdad? ¡Todos los días se aprende algo nuevo...!

lunes, 6 de septiembre de 2010

Va de Boda, monólogo.

Héctor Estrada Parada. "veneco"

“¡Qué ladilla! Acabo de recibir una invitación de boda, ya me dirán si no es para estar inquieto. ¡Será posible! ¡Es que te queda la misma cara que cuando te llega una citación de tribunal! Tu mujer dice: ¡Ay, qué nota!, se casan Lorenzo y Pepita, ¡qué “náis”!… y tú: (¡’ñuélam…!)… Sí, sí, qué bonito es el amor.

¡Dale, a soltar plata! Porque hay que ver como se gasta en las bodas. Sobre todo las ajenas, porque en la tuya, gastaron los suegros: los tuyos y los de ella. Y hablando de gastar… las mujeres, que no sólo se disfrazan de paquete de caramelos, algunas hasta se ponen una fiambrera en la cabeza, que las ves y dices:

“¿Mami? ¿Eres tú o el soldado Ryan camuflado?”

Lo más raro es ese bolsito diminuto que llevan todas, ¡De pana, una almeja metálica! ¿Que llevan ahí?, una Always extrafina sin alas (claro, porque asomarían) una polvera y un lápiz labial.

Sí, es muy intenso eso de las bodas.

Una de las cosas que mas odio de las bodas son las esperas:

Te tiras media hora en la puerta de la iglesia con las manos llenas de arroz y sudando tanto, que cuando salen los novios, lo que les tiras es arroz a la cubana, nada más te faltan los huevos y las tajadas fritas de plátano maduro, pero con lo que te has gastado para asistir con tu mujer “de madrina”, tu hijo menor de “paje”, tu hija mayor de “dama de honor”… ¡un huevo!

Ahora, los peores son los carajitos, que tiran el arroz a la cara, ¡con una mala leche!:

“¡En el ojo, chamo, le pegaste en el ojo...!”.

Y el novio, ahí, aguantando, con cara de bolsa para las fotos.

¡Odio las bodas!

Yo, en la última ni conocía a la que se casaba y cuando fui a darle el beso de rigor, me tuve que presentar:

-Soy Víctor, el hijo de la tía Teresa, la que no se habla con el abuelo.

- Ah, encantada, gracias por venir, “primo”.

Y da igual, la novia no se entera realmente de quién eres, va como drogada, le podría haber dicho:

-¿Me prestas un par de kilitos para la inicial de un mercado de Quinta Crespo?

-Ah, encantada, gracias por venir, “primo”.

O bien:

-Soy el violador de Catuche, vengo a enseñarte el machete.

Ella hubiera dicho igualmente:

-Ah, encantada, gracias por venir, primo.

Lo que más odio de las bodas en el momento del traslado a la “recepción”.

Tu madre te endosa a tus tías, pero como tu carro es de dos puertas, las tienes que meter a empujones. El vestido se les sube a las caderas y van todo el camino enseñando la faja. Pero a ellas todo les hace gracia:

-Vitico, sube la ventanilla mi amor, ji, ji, ji, que me despeino, y sigue, sigue al tío Juan, que se sabe el camino, ji, ji, ji.

¡Ji,ji! ¡Vitico, fila de doce carros tocando la corneta! Y como el primero se pase un semáforo en rojo... ¡emergencia, emergencia! Todo el mundo sacando el Walkie-Talkie:

-Atención, hemos doblado a la izquierda, ¿ven al tío Juan?, ¡coñooo, nosotros estamos dando vueltas a la manzana!, ¡veeergaaa, nos perdimos!, ¿me copias, me copias...? Pato rojo a pato azul, se nos perdió el tío Juan, ¡tío Juan contesta, aló, aló…, qué buena vaina! ¡Este pote se quedó sin baterías!

Da igual, es un desastre. Cuando llegas, el tío Juan lleva dos horas sentado echándose un palo de güisqui y encima te dice:

-¿Dónde coño se metieron ustedes?... ¡qué bolas tienen!

Lo único que esta bien organizado en las bodas es el reparto de los idiotas: ponen uno en cada mesa. Pero el resto es un descontrol: están entrando con la torta y a tu mesa aun no han llevado las bolitas de carne y los tequeños.

¿Y que me dicen del vídeo? Se acerca el de la cámara y todo el mundo se cree que esta en Sábado Sensacional: el idiota se pone una servilleta en la cabeza, el tío Juan canta la “Jota Margariteña” de siempre y una de las tías llora:

-Hijos míos, que se quieran mucho y se respeten siempre...

¡Hombre, por favor! ¿Esto es lo que pasa el día más feliz de tu vida?

¡Es todo muy fuerte! Porque después llegan las mujeres con almendras acarameladas envueltas en un trozo de tul y paquetes de cigarrillos gritando:

-Fúmate uno mujer, que estamos de boda.

Y de pronto te encuentras a tu mujer echando humo por la nariz como si fuera una vieja locomotora.

A nosotros, en cuanto nos descuidamos, nos colocan un habano.

Yo, a la tercera calada, empiezo a ponerme blanco y lo tiro.

Pero allí están los vigilantes de habanos, tan atentos ellos:

-¿Ya te fumaste el habano? ¡Dale otro al chamo y un palo de güisqui, pa' que se haga un hombre!

Un hombre, un hombre... ¡hombre, no me jodas!

¡Y el baile! Eso es lo mas fuerte. Lo peor es cuando el tío de la novia, ya dando señales de estar medio borracho y sin esperar la “hora loca”, la saca a bailar un pasodoble. El tío va todo sudado con la camisa pegada al cuerpo, le planta la barbilla en el hombro, le sube el vestido medio metro y canturrea mordiendo el tabaco:

-“La ‘ente ‘anta con ardor ‘e ‘iva Es’aña, nana na nana nana náaa, y Es’aña es la mejor, tara ran tan taran tara rá, ¡y olé!”

Lo que menos entiendo es por que los novios pasan de mesa en mesa preguntando: -¿Que tal? ¿Han comido bien?

A tí te dan ganas de decirles:

-Pues no, la comida era una mierda, y no he dejado de soltar crema entre la corbata, la camisa y el paltó... ¡Y encima me han puesto al lado del bafle!

Pero no, les dices que todo ha estado delicioso…, sencillamente perfecto. Y así, con una mentira, los novios comienzan su vida de casados. Claro que no será la única mentira en la vida de esos infelices.

En fin, ¡que vivan los novios, pero a mí que no me inviten a más bodas!”

viernes, 3 de septiembre de 2010

En una cola

Las playas fueron cerradas por el coñazo de agua que cayó a medianoche en los alrededores. Varios puentes se cayeros. Ibamos llegando a Maracay cuando empezó a granizar. Estuvimos 4 horas en cola, esperando que ocurriera algo. Un tsunami, no sé. Por suerte llevábamos buena música. Y algunos cigarrillos. Y comida. Acababamos de salir de El Bohio, la estación de servicio más original de la zona: con mc donald, burger King, pizza hot, tiendas de chucherías, ventas de trajes de baño y muchas cosas más.

Yo me había quedado en el auto, mientras el grupo hacía cola en los baños. La gocha de Carol amaba tanto su cabello que se bajo del carro con champú y tolla en mano. David revisó las yantas, el motor, y el techo del carro. Luego desapareció y regresó con un par de cervezas bien frías. Yo leía Tokio Ya No Nos Quiere de Ray Loriga. Un libro de viajes. Debería tomarme un viajecito así. Todo pago y sin preocupaciones. Vendiendo droga, pero está bien, es legal, ya se encontró la cura del sida y del cáncer. Bueno, menos mal que Carol y Gaby se habían ido del carro. No soporto escuchar Lady Gaga ni Britney Spear. Saqué mi MP3 y lo inserté en la radio. Sí Sí Sí, yo quiero estar sedado. The Ramones. Punk del viejo. Tengo rock variado, desde punk hasta grindcore. Me bebí la cerveza, mientras David buscaba conversación a cualquier vecino temporal.

Al rato salió Gaby con una hamburguesita y Carol con el cabello lavado y la toalla de bufanda, oliendo una a comida deliciosa y otra a frutas. Entraron y pusieron mala cara por la música. Yo me había cambiado al asiento del copiloto. Tamborileaba con las manos mis rodillas al ritmo de la música. David puso en marcha el carro, subió el volumen de la música y cantamos a todo pulmón. Hasta que nos topamos con la cola. Hasta que empezó a caer el granizo y las mujeres se pusieron a chillar. Hasta que, luego de un año de abstinencia, me fume un cigarrillo, pensando en el instante en que cayera un meteorito y elevara una ola de 5000 metros y nos arrasara a todos. La pura idea me asustó tanto que salí del carro y empecé ¡Viene la ola! Creando un pánico colectivo. Gente corriendo de aquí para allá gritando ¡La ola! Y luego el momento de vergüenza, cuando David me metió al carro y me dijo que disimulara que no ocurría nada. Le dijo a la gente que yo estaba loquito. Y luego nos reímos mucho cuando bebimos aquella noche. Pero, aun, 10 años después, me sonrojo de la pena cada vez que lo recuerdo.

viernes, 6 de agosto de 2010

JESÚS

-¡Chucho!
-¡No mamá, ya no tó chucho, ya me mañé!

¡en quién confiar!

ya no confío ni en mi sombra.
La muy hijuep..., cuando hay luz ¡me delata!
y cuando no la hay,... ¡me abandona!

domingo, 1 de agosto de 2010

Un amigo Venezolano

Héctor Estrada Parada

Un amigo es alguien que nunca te pide comida…
Un amigo Venezolano es la razón por la que organizas una comida.
Un amigo te pregunta cómo estás…
Un amigo Venezolano te dice que te ves bien, te abraza y te besa.
Un amigo llama a tus padres señor y señora…
Un amigo Venezolano llama a tus padres “mi viejo” y “mi vieja…”
Un amigo puede que nunca te haya visto llorar…
Un amigo Venezolano ha llorado contigo, por cualquier cosa.
Un amigo te manda flores y una tarjeta cuando estás internado en el hospital.
Un amigo Venezolano se queda a dormir en una silla, a tu lado.
Un amigo te pide algo prestado y te lo devuelve a los dos días…
Un amigo Venezolano te pide algo prestado y a la semana se olvida que no es suyo.
Un amigo te ofrece el sofá para que duermas.
Un amigo Venezolano te brinda su cama, se acuesta en el suelo... y no te deja dormir en toda la puñetera noche conversando contigo.
Un amigo sabe unas cuantas cosas acerca de ti…
Un amigo Venezolano podría escribir un libro con las cosas que le has contado de ti.
Un amigo te lleva “Acetaminofén” cuando estás resfriado.
Un amigo Venezolano te hace una sopa de pollo y los remedios que le enseñó su abuela…Y puede que hasta te haga “el avioncito” con la cuchara, para que te tomes la sopa.
Un amigo toca a tu puerta para que le abras…
Un amigo Venezolano abre la puerta, entra y después te dice: ¡Llegué!
Un amigo te pide que le hagas un café.
Un amigo Venezolano pasa a la cocina y monta la cafetera y hasta le pide azúcar a una vecina si no tienes.
Un amigo te dice: “Oye, creo que ya no deberías beber más”
Un amigo Venezolano te grita: “¡Te tomas esa vaina, porque no la vamos a perder!”
Un amigo puede serlo por un tiempo…
Un amigo Venezolano es para toda la vida.
Un amigo es un amigo.
Un amigo Venezolano… ¡es un pana!
Un amigo ignoraría este mensaje...
Un amigo Venezolano ¡se lo pasará a todos sus panas!

Adelanto del cuento aun sin titulo (II)

Hace años tocamos en un concierto propagandista en el estacionamiento de la Plaza de Toros. Se gritaba viva el partido tal o pascual y no a las corridas. Comían hamburguesas, bebían cerveza o tragos malos y baratos, fumaban y sudaban y se notaba el sudor, hasta que empezó a llover. Nosotros tocábamos porque es genial. Había mucha gente y llovía. Estábamos en una tarima bastante alta y una pantalla al fondo nos enfocaba a veces. Primero conectábamos los instrumentos, y un rato de calentamiento con arpegios y escalas para preparar al público. Carlitos Drummer confiaba tanto en sí mismo que no necesitaba calentar. Yo apagaba el micrófono y entonaba American Woman de Lenny Kravitz bajito. El público estaba emocionado. Gritaban que empezáramos ya. Y cómo no, si estaban empapados.

—Bueno, muchachos ¿Qué tal algo de Pearl Jam pa’ empezar?—pregunté y Fredo y Mari se mostraron de acuerdo. Incluso escogieron Even Flor.

Entonces empezamos a tocar. Primero Fredo toma la púa y la raspa con rapidez y violencia por las cuerdas de base. En ese momento entra Mari Ozzy y Carlitos Drummer con sus respectivos instrumentos. Luego un silencio de batería y los otros instrumentos se lucen. Suena el riff de bajo y guitarra más continuo de la canción. Y me toca cantar. Mi voz es algo rasposa y a veces tiende a lo gutural, pero es parte del emblema de la banda. Eddy Vedder se hubiese insultado escuchándome, lo más seguro. Un clásico del rock en manos de una banda de punk hardcore alternativo con toques de heavy metal y rock clasico.

—¡Even flow, hijueputas!—grito—¡Thougs arrive like butterflies!

La gente salta, se empujan, baten sus cabezas y corean la canción. La lluvia no los detiene. Ni a ellos ni a nosotros, la diferencia es que estamos bajo techo y ellos no. De pronto me siento culpable y pienso en saltar y cantar al nivel de ellos. Entonces vuelve el coro y lo canto con fuerza. Los Vicious me observan entusiasmados y dan todo de sí en el resto del tema. Incluso acompaño en el solo a Fredo como guitarra gemela. No lo habíamos ensayado así, pero quedo perfecto. Después, al finalizar, nos pedían otro tema. Ya habíamos tocado Anarchy in the U.K. y unos temas de los Beatles punkeados (hey jude y obladi oblada, con aceptación media de la audiencia).

Mari Ozzy se acercó a un micrófono y me guiñó un ojo.

—Para la siguiente canción—dijo—, yo acompañaré en la voz. Será un tema suave de despedida, pero sé que les gustará. Baby its you, de los Smith ¡Disfrutenlo!

Le vi una sonrisa de oreja a oreja a Carlitos. Es fanático del rock clásico. Improvisé un efecto delay en el pedal de la guitarra. Fredo empezó con un riff a lo Hendrix y luego Mary Ozzy cantando muy femenina con mis gritos de fondo. Me prometí que para el próximo concierto tocaríamos Call Me de Blondie y ella daría los gritos.

viernes, 30 de julio de 2010

DIAGNÓSTICO

Héctor Estrada Parada

El doctor levantó la vista del papel y consternado miró a su paciente.

-Lo siento -le dijo-, los exámenes lo confirman.
...
El hombre se movió nervioso en su silla.

-¿Seguro? ¿Y qué puedo hacer?

-Esperar, solamente esperar. Usted está absolutamente sano.

¡VAMOS A ACABAR!


Héctor Estrada Parada
Venezolano

Voy a dejar a mi novia. Y me va a costar, ¡uf, cuánto! porque es bonita, inteligente, cariñosa, divertida, atenta, detallista, considerada, ardiente, complaciente..., celosa, sí, ¡me cela! y me dice que ella es sólo una aventura para mí (¡qué bolas!). Me dirán: ¡bueno! ¿y entonces?
Pero es que tiene dos defectos que no puedo soportar: es muy joven y está buenísima.
Con ella me pasa como con los relojes. Yo prefiero tener uno de los que te dan a cambio de un cupón de All Bran de Kellogg’s, que un Rolex de oro. Sí, porque con el de All Bran la gente puede pensar que estoy estreñido, pero con el Rolex lo que ando es cagao. Estoy todo el día: “¿Y si me lo roban? ¿Y si me lo joden?”. Pues lo mismo me pasa con mi novia: “¿Y si me la roban...? ¿Y si me la joden?”
Todo empezó una tarde que estaba en la cola del cine en el Sambil, porque me dio la puñetera gana de ir a ver una película en la primera función y solo (después de todo no tengo mucho para escoger). De repente la vi a menos de dos metros de distancia y pensé: “¡Verga, parece mentira que esa muñeca y yo seamos de la misma especie! ¡Pero si a su lado yo parezco la rana René, pero viejo!”. Y la tipa me mira y me sonríe. Yo hecho el loco miré a los lados para ver con cual “papacito” era la vaina. Siguió la charla con las amigas, hermanas o primas… whatever. Al rato me mira otra vez y me guiña un ojo sin dejar de sonreír. Yo pensé: “¡Qué lástima, con lo buena que está y tiene un tic!”. Pero no, al avanzar la cola y encontrarnos casi de frente, se me acercó con los dos ojos bien abiertos y me dijo:
- Hola, ¿estás solo?
Y yo:
- Bueno, la verdad... solo, solo, lo que se dice solo... sí.
- ¿Nos tomamos algo en la terraza después de la película?, perdona mi atrevimiento pero es que una de mis amigas --dijo girando la cabeza y moviendo pomposamente la hermosa cabellera negra--, que estudia en la ‘U.L.A.’ me dijo que eres escritor y profesor y cantante y pintor… y qué sé cuántas cosas más.
- ¡Qué extraño! --le dije--, porque ninguna de esas niñas me parece conocida…
- Ah claro, es que a quien ayudaste en varias ocasiones, es a una de sus hermanas, quien ya se graduó y por cierto, habla maravillas de ti cada vez que nos reunimos, y… bueno, sentí curiosidad.
- Comprendo, los E.T., los carros antiguos y yo inspiramos eso… curiosidad.
- Entonces… ¿qué me dices, al terminar la película… aquí mismo?
Y ahí me dije: “Ah, bueno... Ya lo entiendo, en el estacionamiento había una unidad móvil de TRT (la vi al llegar), saldremos a la terraza, habrá una cámara oculta y de detrás de un ficus, saldrá el loco Orlando... ‘¡Inocente, inocente...!’ y me la cambiarán por un enorme oso de peluche”. Pero no, al terminar la película nos pusimos a ‘echar un párrafo’, nos caímos bien y cuando nos despedimos me dio un besito en la mejilla (el cual según ‘el otro yo del doctor Merengue’ fue tierno y delicioso) y dijo con entusiasmo:
- ¿Entonces me llamas mañana y vamos a comernos un helado cerca de la universidad al final de la tarde, y así continuamos la apasionante conversación de esta noche?
- Psssé... --dije como apendejeado, no estaba seguro de lo que estaba ocurriendo.
De paso, me sentía más incómodo que un bailarín con chapaletas. Una de mis hijas (quien tendrá más o menos la edad de… la llamaremos ‘Mariela’, estudia en la universidad por las mañanas y trabaja en las tardes en la única heladería que está cerca de la U.L.A.
“Un helado te lo comerás tú, porque yo me voy a tomar un tranquilizante junto con mi Glucosamina con ‘choroitín’. Al día siguiente, cuando me levanté y me miré al espejo, me preguntaba: “¿Qué habrá visto en mí que yo no veo? A lo mejor soy un verdadero intelectual y no me he enterado. A lo mejor soy hijo de ‘El Puma’... o me le parezco a un tío muy querido y ausente. ¿Intentará cobrarme alguna vaina que hice en el pasado… eso que llaman karma?”.
El día transcurrió con absoluta normalidad (léase como habitual, aburrido): dicté mis cuatro horas de clases en el ‘Aplicación’, me tomé un café en la panadería echándole vaina al portugués; pasé los consabidos cinco mensajes a cada uno de mis hijos, deseándoles feliz día y dándoles la bendición. Y me preparaba para pasar la tarde corrigiendo y estructurando algunos trabajos de investigación para estudiantes de la ‘Católica’ y de la ‘U.L.A.’… “¡Coño la ‘U.L.A.’!, esta tarde la cita con Mariela”. No entendía por qué me sentí tan conturbado, han sido tantas las veces que me he reunido con jóvenes de ambos sexos, o mejor dicho de diferentes sexos (sí porque de ambos sexos son hermafroditas) e incluso, sólo con preciosas damitas sin que mi equilibrio emocional se viera afectado. Soy un hombre muy sensual ciertamente, pero centrado y sin problemas de ubicación en cualquier sentido. El caso es que estaba como aprensivo ante la inminente reunión con la carajita.
La cuestión es que nos hicimos novios. Al principio me daba coba: “Pa’ mis cojones, Vitico... Si tú de cerca pintas mucho, lo que pasa es que nunca se te habían acercado... y la labia y la chispa”. Pero enseguida te das cuenta de que la cosa no es tan encantadora:
De entrada, tus amigos de siempre se convierten en “amigos-pívot”. Sí, sí, están esperando un fallo tuyo para coger el rebote... y encestar ellos. También te das cuenta de que no puedes salir a la calle con ella en rol de novio, porque pasas por un adefesio, y es como si hubieran apretado un botón:
- ¿Qué pasa, abuelo? ¿Dónde dejaste al resto de las nietas que sólo vas con una? ¡Mucho trapo pa’ tan poca lavadora!
Y aquí ya no aguantas más, se te sube la sangre a la cabeza, se te hincha la vena, te arrechas y... te pones a llorar de la arrechera. ¡Claro!, ¿qué vas a hacer? ¿Enfrentarte con quince tipos que están hartos de romper tablas y hacen jogging, aikido y tienen en algunos casos cuarenta años menos que tú? Porque tampoco puedes razonar con ellos: “Hagan el favor de respetar, que esta mujer tiene pareja y a lo mejor anda por aquí cerca…” Es que no puedo ni ir a la piscina con ella. Porque cuando vamos paseando por la orilla, agarrados de la cintura me siento casi con la obligación de decirle a todo el mundo que es mi sobrina, mi ahijada, que nos queremos mucho, que hace tiempo no nos veíamos, para no hacer el papelón de viejo verde con novia jovencita. Y pensar que al principio yo creía que la relación no tenía futuro, pero que sí mucho presente. ¡Qué va! Tenemos entre los dos: pasado, presente y futuro, pero yo, los dos primeros a duras penas y la chama los dos últimos por todo el cañón.
Pero lo peor es cuando salimos de ‘rumba’. Muuuy de vez en cuando y es agotador, porque se tira toda la noche bailando y claro, yo con ella. No voy a dejarla allí sola, porque están todos los tiburones alrededor: “Tan tan tan tan tan... pararí pararíiii”. Así que sigo bailando. Y de pronto, empiezan a entrar unas ganas terribles de orinar. Y pienso: “¿A esta caraja no se le acaban nunca las pilas?”. Pero nada, es como el conejito de Duracell. Y hay que aguantarse, porque miro al resto de los tipos y... dura y dura y dura... Porque cuando mi novia entra en una discoteca, es como cuando el Presidente del Tribunal Supremo de Justicia entra en la Sala Plena: todos los miembros se ponen firmes.
Por todo esto yo me pregunto: ¿me compensa realmente estar con esta chica como pareja? Y ustedes dirán: “Hombre... está el sexo”. Pues tampoco. Sepan ustedes que salir con una tipa así de buena, arruina tu vida sexual. Porque yo, antes de conocerla, aguantaba los diez minutos de rigor en la postura del misionero. Pero ahora, en cuanto ella se quita la primera prenda, ni misionero ni un toche, a mí sólo me da tiempo a decir ‘amén’. Ella dice y sostiene que nada de lo anterior importa, que me ama tal como soy y por lo que soy. Certifica que disfruta de cada minuto conmigo, aunque sea conversando o compartiendo una lectura, buena música o una caminata en una noche fresca. Cree entender a cabalidad que nadie tiene la culpa de habernos conocido ‘extemporáneamente’. A lo que yo le aclaro: “Sí, por supuesto, si nos hubiéramos conocido cuando yo tenía ‘apenas’ cuarenta años, hubiera tenido que cortejarte en el preescolar”
Y por todo esto estaba a punto de dejarla. Pero pensándolo bien, es tan bonita, inteligente, cariñosa, divertida, atenta, detallista, considerada, ardiente, complaciente..., celosa, sí, ¡me cela! lo único malo es que es muy joven y está buenísima...

Pero oye, ¡un defecto lo tiene cualquiera…!

viernes, 9 de julio de 2010

Adelanto del cuento aun sin titulo

El problema es que Mario se quedó dormido mientras yo hablaba. No podía ir en el bus, porque empezaba a cabecear y yo a decirle ¿Cuántos goles llevas, chamo? Y él decía que ninguno.

Mario, ésta vez, no dijo ni pío. Cerró los ojos y allí quedó.


***

--Laura, despierta—dijo el guitarrista de nuestra banda. Parecía emocionado. Era la primera vez que viajábamos en un tour a nivel nacional-- ¡Mira ese paisaje, mujer!

Me limpié los ojos con las manos y observé por la ventana. Íbamos en una camioneta, eso lo sé. Soy mala para las marcas. Yo dormía con la cabeza apoyada al hombro de Fredo, nuestro guitarrista estrella. Quizás por eso tenía una tortícolis, el tipo era pura piel y huesos. Desgraciadamente, por la enfermedad del sueño, Fredo nunca había salido de la ciudad. Ahora veíamos la industria de cemento, echando humo. A pesar de lo contaminante, era una vista hermosa. Seguro que intentó de despertarme antes, pero es que caí rendida.

Bostezo y cuando mis parpados se van cayendo veo el vaso lleno de café negro extrafuerte de Carlitos Drummer, el baterista de nuestra banda. Subo la mirada un poco. Está tamborileando en el volante Moby Dick de Led Zeppelin. Turupapá Turupapá Turupapá. ¿Podría pedir una nana más majestuosa?


***

La primera vez que vi a Mario fue en el noviembre del 2005, cuando le tocaba una canción satanica a los niños de primer grado. Por supuesto, ellos no entendían de eso, pero estaban felices escuchando y aplaudiendo y tarareando mis gritos guturales. No me acuerdo bien, creo que era de Gorgoroth, pero acústico. Les dije que era una canción de cuna africana, y ellos se la creyeron. Aun pensaban que Africa estaba dejada de la Mano de Dios por culpa de películas como El Exorcista (El Comienzo).

Me le acerqué a Mario y lo invité a reunirse, pero salió corriendo. En ese momento pasaba una ambulancia cerca, mis ojos lagrimearon y una piedra dio contra la ventana, sin romperla. Los niños salieron corriendo gritando y llorando. Yo metí rápidamente a guitarra en el forro y también corrí. No sé qué tienen los niños de las escuelas públicas contra las privadas. Por suerte llegó la policía a tiempo. Casi derribaban la puerta.


***

--¡Llegamos!—anuncia Carlitos Drummer.

Es gordo, lleva barba, el cabello corto y una sonrisa bonachona. Abre la puerta y salé de un saltito. Lo observo bien sin moverme: tiene los brazos tatuados, una cachucha al revés, lleva pantaloncillos negros y una franelilla que antes era negra. Abre la puerta en la que apoyo mi cabeza y me saca de un jalón. Me ofrece un cigarrillo. Enciendo un cigarrillo y otro más. Un días de estos voy a plantearme muy seriamente dejar de fumar, por esa tos que me entra al levantarme.

--Café si no le ofrezco, gorda—dice con su voz aguda y rasposa--. Ya con el que he bebido hoy, creo que no dormiré más de ocho horas por el resto de semana.

--Hasta que lleguen los tachirenses borrachos anónimos a ofrecerte un guarito.

Estamos en Finca Azul, un par de kilómetros más arriba de Mesa de Aura. Es un lugar muy bonito. Pero me siento muy cansada para pensar. Fredo me da mi guitarra, el bolso con la pedalera y los cables, mi mochila con mis cosas, y un par de consejos para más adelante. No dejes tus cosas afuera, no pruebes tragos de desconocidos y, hagas lo que hagas, no te duermas.

No me preocupa. En cuanto entro a la cabaña principal, me siento en el sofá y, sin darme cuenta, una modorra me atrapa y una niebla cubre mi visión.


***

Fui a la casa de Mario el día de su cumpleaños y fue divertido. Estabamos solos los dos. Sus viejos dormían. Yo acababa de salir de clases y lleva el uniforme: una falda azul marino y la camisa beige. De resto era yo misma: mi cadena de perros, como le decía mi padre a la correa de púas que llevaba en el cuello, mi muñequera de Black Sabbath, porque esa banda es excelente, sobre todo cuando estaba Ozzy…Dio no fue malo, pero Ozzy es único. Es como Freddy Mercury en Queen. El que niegue aquello es un insensible.

Mario y yo jugamos videojuegos hasta el aburrimiento y terminamos acostados en la cama, abrazándonos y besándonos. No fue mi primer beso, pero me gustó. De todas formas sólo fuimos amigos.


***

Mary Ozzy me despertó cinco minutos después. Ella es la bajista de la banda. Rubia y de rulitos, sólo vestía de rockera en el escenario. De resto era una persona común. Habladora, jodedora, fiestera y fanática de la lectura. Leía bastante Agatha Christie, pero lo discutía poco con el grupo. Mary Ozzy es la mujer perfecta: el equilibrio entre lo inteligente, lo sensible y lo “ama de casa”.

La seguí hasta el estudio de ensayo. Sentía mi piel pegada a los huesos, como ropa mojada al cuerpo. Con pereza, saqué la guitarra del estuche. Mi instrumento es una Fender Stratocaster negro y blanca, enchulada a mi manera con algunos dibujos en tinta china. Por cierto, soy una excelente dibujante del mundo abstracto.

Conecto un cable a la guitarra, de ahí a la pedalera, de ahí a la consola, subo bajos, subo agudos y pruebo un do que suena desafinadísimo. Piso el pedal hasta el afinador y muevo las clavijas hasta que suene a la perfección.

Me dan ganas de orinar y pido disculpas a los muchachos. Carlitos Drummer me mira con preocupación. Tranquilo, digo, todo estará bien. Voy al baño, cierro con llave, me siento en la poseta y me quedo dormida de lo más feliz ¡Nunca había estado más cansada en mi vida!


***

Una vez, Mario me vio salir con otro chico y le entraron unos celos infernales. Ese chico se llamaba Carlos Mendoza, pero no era baterista en ese tiempo. Era muy despistado. Tampoco tenía tatuajes en el cuerpo. Hablaba mucho, se olvidaba de todo y luego volvía a hablar de lo primero que se le venía.

--¿Cómo sería el mundo si fuese cuadrado?—le pregunté.

--¡Sería muy bonito!—exclamó emocionado--¡Sería verde! ¡Luminoso!—Carlitos se quedo en suspenso y luego preguntó ¿podrías repetirme la pregunta?

Después no lo volví a ver, sino al final de mi primera carrera universitaria, cuando nos encontramos en el banco. Él llevaba unas baquetas y las hacía girar con sus dedos. Tenía un tatuaje mínimo en el hombro: un tambor africano.


***

Los golpes en la puerta del baño me despertaron.

--¡Ya voy, carajo! ¡Dejame cagar en paz!

Abro la puerta, salgo y todos me miran asustados. Estoy bien, no se preocupen, estoy viva. Volvemos a la sala de ensayo. Carlitos Drummer me da un trago de su café. Rancio, amargo. Sabe a petróleo. Nunca lo he probado, pero a eso sabe.

--Bueno, si ya nadie tiene que hacer del cuerpo—dijo Carlitos y todos lo vimos listos de nuestros instrumentos. Golpeó sus baquetas--¡Y un un un dos tres!

Tocamos Anarchy in UK de Sex Pistols y me siento viva otra vez. Gruño y luego canto rasposa y guturalmente.

jueves, 8 de julio de 2010

ESPERANDO

I
SUS NEGRAS MANOS la acarician desbaratándola en un sudor que no puede ya disimular. Se nota que está desesperado. La percibe tan fría que la vuelve a acariciar una y otra vez hasta calentarla, hasta hacerla sudar mucho más. Se desprenden inocentes -ante semejante estímulo- unas gotitas. La percibe burbujeante. Sin proponérselo, logra hacerla estallar en pompas que emergen suavemente.
Las manos cautelosas vuelven a recorrerla logrando que la sensación de cosquilleo parezca dormitarse. El burbujeo cesa y el sudor se vuelve incontenible; humedece no sólo los dedos invasores, sino la palma de la mano entera.
Sus negras manos la acarician hasta que –sin querer- la calienta por completo.



II
A lo lejos, el barman observa al corpulento hombre toquetear –con notable gesto de resignación- la copa de champaña. Se pregunta << ¿Por cuánto tiempo más lo hará?, si esa persona a la que espera noche a noche -desde hace años- seguro nunca llegará.>>

lunes, 5 de julio de 2010

Algo muy viejo, que pudo ser un cuento de ficción...

PESADILLAS IN VITRO

Estábamos solos en la inmensidad del firmamento. La tierra estaba desolada. Finísimas copas de humo resplandecían en lo profundo de la noche, bajo las estrellas de mayo. Un olor a carne humana descompuesta se expandía en lo ancho de la esfera azul. El sol se había apagado para siempre y la luna permanecía en su sitio con un leve resplandor que amenazaba con extinguirse. Subimos lentamente la cuesta de una montaña que yacía en tinieblas, en el satélite que aún giraba díscolo y grotesco en la soledad de aquel espantoso laberinto. Nos sentíamos tan ofuscados que apenas podíamos comunicarnos. Mi esposa, tres hijos y un perro, era lo único que conocía como familia y por quienes luchaba para sobrevivir. Pero todo había empezado unos cuatro años atrás. Mi pasión por los grandes misterios habían despertado en mí ese deseo de conocer el futuro del planeta Tierra. Algunos acontecimientos importantes, ciertas lecturas curiosas sobre temas desconocidos, desde Luciano Samosata quien describe perfectamente la vida de los selenitas, allá por el segundo siglo de nuestra era, hasta Ray Bradbury con sus controversiales Crónicas Marcianas; después la experiencia que viví con los llamados viajes astrales, y luego, esta pesadilla apocalíptica.

lunes, 28 de junio de 2010

EL PUEBLO DEL FRÍO (FRAGMENTO DE LA TAREA)

Por: José Antonio Pulido Xambrano

Alejandro dio una larga calda al cigarrillo. Estaba nervioso, el neumático del Montecarlo no andaba bien, el repuesto estaba peor. Él ya se lo había dicho a David en el páramo del Zumbador, que así no debían de seguir. Además del problema del neumático estaba la neblina que llegaba a ras de suelo. Maldijo al jefe editor, por haberle enviado a ese reportaje. Se había dado la noticia de la caída de un supuesto meteorito en aquella zona, la fecha el cinco de octubre. Después de varias entrevistas, los campesinos de la zona habían señalado la ruta del páramo que llevaba a la población de Queniquea como el posible lugar donde se habría producido el fenómeno.

David por su parte iba de lo más feliz, cámara en mano. El temperamento de David era del todo contrario al de su compañero. Él era un creyente de lo que se ha llamado pseudociencia, seguía en twiterr y facebook a Ton Cruise, por ser uno de los pioneros de la cienciología. Soñaba con algún día ver un ovni.

Los periódicos locales de la ciudad de San Cristóbal describía al páramo del Zumbador como una especie de  campo magnético. En las entrevistas recabadas para la crónica, uno de los aldeanos explicaba que las zanahorias y las papas de ese lugar se estaban pudriendo por aquello que había caído del cielo, esa piedra de fuego como la llamaban  se había incrustado en la madre tierra y como una especie de gusano estaba dañando todos los cultivos. Otro de los entrevistados hablaba de una bola de fuego que había caído en las tierras baldías, según este hombre aquel sitio estaba embrujado por los indios.

Alejandro terminó su cigarrillo. Bajó del Montecarlo a orinar a un costado de la carretera. Mientras lanzaba sus orines al aire escribiendo su nombre en el asfalto, un sendero llamó su atención. David se le había acercado, bromeó sobre su estado: ¡Cuidado y orinas en cubitos de hielo! Alejandro, no prestó atención al chiste de David, el sendero oculto por varios helechos debía conducir a alguna casa de la zona, pues desde el Zumbador hasta allí, en la curva del diablo no había visto ni un rancho. Se adentró en aquel camino y a lo lejos divisó lo que parecía una chimenea de fogón. Alejandro se devolvió, le dijo a David que aquel humo se veía cerca, y que el caucho del Montecarlo podría llegar hasta esa casa y allí pedir ayuda. David le gustó la idea, pensó en un cafecito y unas arepas con quezo, una costumbre de los andes que se hacía con los foráneos llegados a aquellas soledades.

Alejandro volvió a maldecir, el automóvil no quería ahora encender, el motor se había enfriado. David debió salir del Montecarlo para empujarlo, David se quejó, pues a su edad el mal de los riñones lo tenía muy mal, pero el carro no se movio. Alejandro se volvió a bajar del Montecarlo y revisó el motor, fue la única manera que el carro encendió.David por su parte verificó el celular, no había señal. Allí fue cuando en broma dijo: - Necesito un Blackberry.

Empezaron a adentrarse en aquella montaña cruda, y fue Alejandro quien observó que ese lugar se veía muy oscuro y húmedo. No pudieron avanzar con el Montecarlo más allá de unos trescientos metros. El Montecarlo lo tenía Alejandro desde que estaba en la Universidad, en él se había llevado muchas compañeras a Peribeca o San Pedro del Río, pero la vida del auto ya estaba en sus últimas andadas, de año 1978, aquel Montecarlo había pertenecido a la madre de Alejandro. En el periódico todos le tomaban en broma su auto, pero él no quería desprenderse del mismo pues era lo único que mantenía de su amada madre.

Alejandro abrió la puerta y la lanzó con fuerza y rabia al cerrarla. Miró a David, pero este sólo estaba pendiente de aquel lugar para tomar fotografías. El neumático se había pinchado. Cuando se acercó a ver con que se había topado, observó una extraña daga en el mismo. La sacó con cuidado. Aquella daga estaba hecha de un material que Alejandro desconocía, llamó a David para mostrársela.

- Mira lo que encontré.

- Uff, que cosa más extraña, nunca había visto una así.

La daga tenía en su mango una inscripción en latín: Maleficae. David volvió a su humor negro: - De tener un Blackberry con internet hubiese sido fácil saber que significa esa palabra.

El mango además tenía un dibujo tatuado en relieve, un lobo. Otra característica que vió Alejandro en la daga era el material del cual estaba hecha; plata. Lo sabía porque su vecino Manuel Suarez era coleccionista de monedas del mundo, y conocería donde fuera el metal de la plata. Otra cosa que David no sabía era que Alejandro en sus tiempos libres de juventud había aprendido a dominar otros idiomas con un curso Laurosse que tenía el abuelo Luis. Claro aquel curso estaba en casette. "Maléfica".

- Eso quiere decir esa palabra maléfica, es latín. No entiendo que hace esto aquí y aunque sea una antigüedad de que nos sirve, si estamos atoyados aquí en este páramo, sin cobertura, sin comida y nota como el frío está subiendo. Son las dos aún, lo más lógico es caminar hacia donde se ve el humo, en aquella loma, allí debe vivir alguien, o pueda ser que allí quede El Cobre.

- Pues yo no sé, pero que más vamos a hacer. Sigamos la ruta de la montaña y regresemos al Zumbador, me parece más lógico, en dos horas estaremos en el Zumbador y allí buscamos una grua.

- Veo más cerca la loma amigo David, y puede que allí mate sus antojos y le ofrezcan comida de páramo.

David arrugó la frente, la idea de caminar no le caía muy bien. Tomó su morral y observó como Alejandro resguardaba con un candado su amado Montecarlo. Parecía un viejo pensaba David de su compañero.
Empezaron a seguir el sendero, David estaba maravillado, tomando fotografías a todo, pues aquel habitat era muy "Prehistorico" para su pensar. Helechos y orquideas de variados colores, pensó en tomar unas muestras para llevarle a su madre, pero sólo en saber que faltaba mucho por caminar desistió la idea. Alejandro había sacado su libreta y había empezado a tomar notas, era una especie de terapia el de escribir, él escribía como una manera de purgar los problemas del mundo. Lo extraño de aquel lugar es que no se oía nada, en una flora tan exuberante la fauna no existía. El ruido o susurro del viento era lo más cercano a sus oídos. Por ello supo que David había sacado un chocolate, el papel del dulce sonaba de forma extridente en ese espacio. El cielo parecía estar paralizado, ni las nubes se movían. David ofreció un poco de chocolate a Alejandro, este lo recibió, el frío se estaba empezando a sentior. Estaban de verdad locos se decía David a su amigo, debieron haber esperado en la carretera y no ponerse a inventar. El humo de la posible chimenea se veía cada vez más lejos.
Alejandro se voltió rapido ante el ruido que sonó a sus espaldas, David había resbalado y caido al lado del sendero, que ya había dejado ser carretera. Cuanto le costo a Alejandro ayudar a subir a David, pero la noticia mala estaba por venir, David se había herido su pierna izquierda, el dolor era cruel...
 

lunes, 21 de junio de 2010

LOS CABALLEROS DE LA MUERTE

En mi corazón redoblan las campanas de una dulce mañana de noviembre. Pero también se remonta en mi atizada desventura, el recuerdo de una tiranía que me hundió en un vacío indescriptible. Después de muchos años regresé a la casa paterna y me senté en la puerta a esperar. Mi familia había sido asesinada por inescrupulosos caballeros de la guerra. Mis graneros yacían incendiados. Los animales muertos en sus corrales y los pájaros ya no cantaban en los árboles ni en las ventanas de mi desvencijada habitación. Soñé que todo era un sueño, sin embargo, dentro de éste, la realidad parecía una enorme mentira. Los caballeros de la noche presagiaban tormentas. Entré a la sala y encendí unas velas moradas que aún conservaban su nitidez. La llama se desparramaba en el viento azul de las primeras horas del alba. Un himno desgarrador se oía en medio de la lluvia, porque ahora llovía a raudales. Las palmas, de melenas oscuras y ensortijadas, sembradas de horror, parecieran perpetuarse en el delirio de abyectas melancolías. La letra del himno prodigaba una ocurrente alabanza a las estepas del valle, en donde duermen los restos de una civilización sagrada. Ese día no pude salir de casa pero sabía que pronto vendrían por mi. Los verdugos del sistema inquisidor sospechaban de mi rebelión. Habían interrogado a todos los coterráneos de aquella comarca y aunque ellos lo hubieran negado, yo ya formaba parte del objeto de su búsqueda; sabían de mi desventura, de mi terrible mudez, de mi enfermedad aciaga cuya consecuencia pudo ser la epidemia. No soportaban mi presencia en los pasillos del palacio, ni siquiera en las calles de mi país. La orden era superior a cualquier extremo de cordura. No esperaba de ellos su perdón, ni la indulgencia por mis favores. El escarnio me marcaba en la piel como a una res en el matadero. Entendí que la vida tiene un precio insobornable. Si fui un delincuente de las sombras, la justicia procederá. Y aunque no recuerde nada ahora, algo de mi se pudre en silencio, en un justo juicio cuyo veredicto se lleva en la punta de una lanza homicida. La verdad traspasa mis instintos y me hace su presa. Las pisadas del verdugo se oyen. El viento silba apacible, la última sentencia. Nadie impedirá mi inmolación. Afuera sigue lloviendo. Los pasos se acercan... estoy solo en la habitación. La llama se esfuma. El aire crece. El día apenas comienza. Despierto y las manos de una dama me acarician. Sus uñas me aprisionan el cuello, y la punta de una lanza se hunde en mi delirio. El dolor me envuelve en una manta blanca, bajo la llama que flamea incorrupta, sobre mis ojos.

jueves, 17 de junio de 2010

"PERDEDORES"

http://libros.casaeolo.com/books/perdedores

domingo, 13 de junio de 2010

RECORDATORIO A LOS NEONATENSES

SUBIR TEXTOS CORTOS PARA PODER LEERLOS Y COMENTARLOS; ESE ES EL SENTIDO DE ESTE BLOG. EXTENSIÓN MAXIMA 20 LINEAS...

SÓLO SUBIR CUENTOS

miércoles, 9 de junio de 2010

La lengua de los Caraqueños Héctor Estrada Parada

Contaba el destacado filólogo Ángel Rosenblat en su libro Buenas y malas palabras, que cualquier extranjero que viniera a Caracas se sorprendería y hasta se sentiría desconcertado por nuestra forma de hablar, así fuera hispano parlante.

Por ejemplo, se asustaría si alguien lo invitara a caerse a palos sin aclararle que de lo que se trata no es de pelear sino de tomarse unos tragos. Lo cierto es que la lengua de los caraqueños está hecha de muchos préstamos debido a que la ciudad es un sitio de paso de gentes de múltiples procedencias. Así tenemos que para un visitante extranjero que venga por primera vez a nuestra capital le será muy difícil entendernos si alguien no lo ayuda.

Eso pasó el otro día con mi amigo -le llamaremos Peter-, un joven neoyorkino estudiante de español, a quien tuve que ayudar para sacarlo de ciertas dificultades en que se metió. La primera fue cuando quiso comprar un CD a un buhonero. Preguntó el precio y el vendedor informal le respondió: 'Dos lucas, papá'. Yo, que estaba a su lado viendo CD's, salí en ayuda de un Peter desconcertado que consultaba su diccionario de bolsillo donde, por supuesto, no halló lo que buscaba.

Le expliqué que 'lucas' son miles, mientras que 'tablas' significa centenas de miles, y 'billuyo', dinero en general. Y 'papá' es un trato familiar que se ha extendido entre los ciudadanos más confianzudos.

Contento con la adquisición de sus nuevas palabras, las empezó a usar con entusiasmo. Tanto que al intentar sacar plata de un telecajero le dijo a un individuo que tenía detrás: "Saqué tres tablas. ¡Chévere, de pinga!!". Y el individuo, ni corto ni perezoso, le dijo: 'Bájate de la mula o te quiebro'.

Como el gringo no lo entendió se dispuso a seguir su camino. Entonces el malandro le dijo: 'Quédate como en la cédula o te clavo un chuzo'. Para su fortuna, por ahí pasaron unos policías en moto y al verlos, el 'choro se piró'.

Peter, que al final comprendió que estuvo a punto de ser atracado, les dio las gracias, pero ellos también le pidieron que se bajara de la mula. Al ver que no comprendía ni papa lo dejaron tranquilo.

Eso se llama 'matraca' -le expliqué días después, cuando me contó el episodio. Por supuesto también le expliqué que 'choro' significa ladrón, al igual que 'malandro', y que a los policías los llamamos 'tombos'. El desconcertado muchacho anotaba en una libretica lo que significaban las palabras caraqueñas que no aparecen en los diccionarios oficiales del idioma y menos en el de la Academia de la Lengua.

En eso estaba cuando me di cuenta de la dificultad de explicarle por ejemplo el uso de la palabra 'vaina' y todas sus variantes:

'una vaina': una cosa;
'echar vaina': bromear;
'ni de vaina': ni por casualidad, por nada del mundo;
'de vainita': por un pelo;
'qué vaina': expresión que se usa para lamentarse de una situación desagradable.
'cuidado con una vaina': precaución.
'mi mujer es una vaina seria': por querer significar incomprensibe o complicada.

Fue difícil que entendiera que era muy diferente decir: 'te voy a echar vaina' a 'te voy a echar una vaina', pues en el primer caso se trata de bromear mientras que en el segundo es una amenaza. Se reía el gringo al ver nuestra forma de encarar los tamaños de las cosas y las diferencias entre vainita, vaina y vainón... y mejor 'dejamos la vaina hasta aquí'.

Pero también fue trabajoso hacerlo comprender que para nosotros 'poco' es mucho. Por ejemplo: 'en la cola había un poco 'e carros', mientras que 'pocotón' es muchísimo: 'había un pocotón de gente saliendo del Metro'.

También traté de explicarle que 'burda' es mucho o aumentativo. Por ejemplo: 'fulano y yo somos panas burda'; 'ese señor es burda'e viejo'. Peter se rascaba la cabeza y decía 'yo no entender nada'.
'Piano, piano', le decía yo, y tenía que aclararle que no me refería al instrumento musical sino a la expresión de que poco a poco se llega lejos.

"Vamos a tomarnos unas birras y te sigo explicando", le dije y le aclaré el significado de la palabra 'birra', o sea cerveza. Una de las cosas que más lo divertía es nuestra manía de los diminutivos. Una mañana lo invité a desayunar y se rió mucho cuando pedí pastelitos, cafecitos, y cuarticos de jugo. Al principio no los usaba bien pues decía cosas como: voy a hacer una diligencia en la 'embajadita', me voy en 'metrico', o me comí un 'perrocalentico', pero poco a poco fue aprendiendo el uso correcto que, por lo demás, es totalmente arbitrario.

Luego tuve que hablarle de las frutas, ya que le gustan mucho, y explicarle que patilla no es el pelo que nos dejamos cerca de las orejas sino la sandía, y que la parchita es lo que en gringolandia llaman 'passion fruit' y en Brasil 'maracuyá', y que plátano es... bueno, ¡el plátano pues!

El otro día lo vi manejando una motico china por las calles de Caracas. Se veía feliz.¿Que pasó, 'chamo'?. Me costó tres 'palos' dijo muy orondo. Había descubierto la mejor forma de conocer la ciudad: sobre dos ruedas. Pero mi sorpresa fue mayor cuando sonó en aquel momento un celular y Peter se disculpó conmigo. Su conversación fue más o menos así: 'Marico, la jeva me embarcó. ¡Qué raya! Yo que la tenía cuadrada. Iba a recogerla para ir a la rumba y después meternos unos 'asquerositos' en Las Mercedes pero me dejó el 'pelero'. Y ahora me está 'pidiendo cacao'. ¡Qué va pana, no me la calo más!.

Mi sorpresa fue en aumento a medida que escuchaba la conversación. Peter ya se había aclimatado lingüísticamente. Pero la consagración de la primavera llegó cuando alguien se acercó a pedirme una dirección y Peter hizo lo que cualquier caraqueño haría: responder aunque no le hubieran preguntado a él. Y ahí, montado en su moto y sin despegar el celular de su oreja, le indicó al solicitante frunciendo los labios y señalando con ellos. Así me di cuenta de que aunque no hubiera nacido en Caracas, Peter ya merecía el título de hijo adoptivo de la ciudad.

Definitivamente los caraqueños deberíamos emprender la tarea colectiva de hacer un diccionario que registre nuestra forma de hablar ya que, si seguimos así, ni siquiera nos entenderemos entre nosotros mismos.

AULLIDO POSTHUMANO Pablo Paniagua

Y me trepo a lo más alto del árbol más alto de Weblandia para dar mi último aullido, como el de Allen Ginsberg pero anunciando a otra generación el final de los tiempos:



“Yo escribo con balas de plata para ir directo a tu corazón, para dejar en él la impronta de mi fracaso. Yo soy la voz interior de un escritor, una voz que se escapó de un libro sin final, un libro infinito del cual ya me cansé, un libro que jamás se escribió; de ahí el origen de mi fracaso ante algo que es una idea inconclusa. Pero a pesar de todo estoy aquí, con este grito que será la expiación de todos mis pecados, sin olvidar, desde luego, que sólo soy una voz por ahora sin cuerpo. El alma sí la tengo, y es esta energía que se manifiesta haciéndome escribir estas palabras de plata, tintura reflectante de mi realidad: La realidad de un fracasado.



Tengo la sospecha de que tú vienes aquí como un voyeur, para saber qué se esconde detrás de esta voz, cuál es su esencia y si te puedes reconocer en ella. Pero yo sólo vengo a decirte verdades, porque las mentiras competen exclusivamente a la espacie humana. Ése es tu fracaso, mucho peor que el mío; ésa es tu pérdida como ser humano. ¿Vas a hacer algo por cambiar la Historia? ¿Acaso no ves cómo anda el mundo que habéis creado? ¿No me digas que estás satisfecho? Lo mío no es nada en comparación con lo tuyo, y aquí estoy para escupir mis balas de plata en tu corazón, para que muera dentro de ti ese ser despreciable y así puedas cambiar tu conciencia.



Y ahora, después de terminar de leer estas palabras, levántate del asiento, mírate en el espejo y comprobarás que no eres mejor que yo, esta voz que te habla, porque perteneces a la peor especie del Universo.



Después de mirar en el espejo ni siquiera lograste contemplar tu alma, tan sólo un rostro de carne y hueso, un cuerpo mortal, no como esta voz que flota en el espacio y vivirá por siempre, porque es tan inmaterial como la esencia de un alma que no se esconde dentro de nadie. Quizá ya empieces a ver la luz que se cuela por una rendija, por la corteza abierta de tu piel, justo ahí por encima de tus cejas, en la frente; quizá ya sientas su calor, quizá ya alcances a entender algo de lo que te digo. Pero primero es necesario que te des cuenta de tu fracaso, de otra forma no podré hacer nada por ayudarte porque ya estarás muerto para la gloria. Así es, muerto para la gloria y muerto para todo, porque lo que te espera ni siquiera lo imaginas, está por encima de los límites de tu razón humana, algo que se esconde detrás de la cortina de este mundo material que tanto amas. No hay nada si no crees en ello, y se esfuma antes de que lo hubieras intentado. Hoy es un gran día, no pierdas la oportunidad de conocerte un poco más, de mirar en tu interior para tratar de ver aquello que perdiste antes de haber nacido.



Ya te dije que estoy aquí para cambiar tu conciencia, para que dejes de ser como los demás, esa masa que puebla este planeta; para que cuando camines por las calles entre ellos sepas de tu diferencia, por tener en tu mente y en tus manos el poder para cambiar el mundo. Pero primero, ya sabes, tienes que empezar por dentro, por tus ideas y sensaciones, y así abandonar tu antigua manera engañosa de ver la realidad. Ya sé que no será fácil cambiar de un día para otro como por arte de magia, pero el tiempo, con su transcurso, te irá abriendo la visión clarividente del futuro; es el atributo que debes desarrollar, esa parte dormida: el arte de la intuición, el de sospechar saber qué pasará. Hasta los animales presienten la catástrofe cuando el humano no sabe ni lo que tiene bajo los pies, lo que se alza ante su vista más allá del horizonte, porque su visión es corta, demasiado corta.



En la mano tienes la semilla; mírala e imagina el árbol que está dentro de ella. Busca más allá del tiempo presente y encontrarás todas las respuestas. Ése es el punto de antes del punto de partida.



Todos vienen a la vida a cumplir su designio. Algunos a hacer el amor y otros para matar. Tú tienes la capacidad de decidir tu destino, para dejar de pertenecer a la especie de los asesinos. Mira la Historia de la Humanidad y verás su fracaso. Guerras, guerras y más guerras; sometimiento, mentiras, ansias de poder y envidia. ¿No te diste cuenta? El largo camino que se buscó ya llega a su final, y tú estás ahí, en medio de todo mirando sin hacer nada, con los brazos cruzados como una gran mayoría complacida ante semejante realidad. Por esa razón, ahora tienes que quitarte la marca de la frente, la marca del asesino que tienen programado para ti.



Todavía continúas sumido en esa oscuridad que te imprimieron, de la confusa especulación de los corazones de hielo a los que nada importa, de algo tan evidente que hiere la inteligencia, que se acepta como un acto natural; y así están todos satisfechos ante ese algo que se cree no tiene solución. Es la complacencia inútil de los inútiles, es, a fin de cuentas, la esencia mezquina del humano.



Tengo balas de plata. Tengo balas de plata para tu corazón…



Si quieres que te diga la verdad, no creo que todavía hayas sido capaz de cambiar. ¿Y qué han hecho mientras tanto los dirigentes de las naciones de este planeta? ¿Planear la próxima guerra? ¿Seguir construyendo armas? ¿Seguir engañando a quienes gobiernan? Ellos no pierden el tiempo para alienarte, no lo olvides, juegan con ventaja sobre ti. Sólo espero que cuando comience la próxima guerra, la definitiva, no acudas en defensa de ninguna patria, porque tu patria está en ese corazón que no paro de atravesar con mis balas de plata. Tú no naciste para matar a tus semejantes, tú naciste, simplemente, para amar. Rechaza la guadaña que te será entregada, y no pierdas la poca dignidad que como humano te queda.



No pienses ahora que esta voz es la de un profeta, porque no lo soy; sólo soy, en parte, tu conciencia perdida, ésa que te robaron antes de nacer todos tus antepasados y los antepasados de todos tus antepasados, los que construyeron este mundo de mierda, esta incivilización heredada por los que no fueron capaces de cambiar nada. Ellos, desde luego, no son como tú y como esta voz que te habla.



Recuérdalo siempre: Tú no eres ni serás un asesino.



Si ya crees fervientemente en ello ya dejaste de ser humano, ahora eres posthumano. Pero la cuestión no es tan fácil como parece por el simple hecho de haber decidido no ser un asesino y no formar parte del ejército que luchará en la guerra que se avecina. Mira a tu alrededor, ¿no te das cuenta de que perteneces a una minoría? Los posthumanos son muy pocos en comparación con aquéllos que elegirán la violencia, los que defenderán la patria de los impostores, los que lucharán por el dominio del planeta. Ahora eres un infiltrado, un cáncer para esa sociedad a la cual ya no perteneces por escapar del troquel de su alienación, por no pensar como todos y no seguir caminando por la raya que te marcan. De ello tienes que estar orgulloso, es un gran logro, no lo dudes, ya no eres un mediocre al servicio del poder.



Busca, busca y encontrarás; la huella está entre los pedregales de un camino difícil, casi imperceptible para los ignorantes; la hallarás si escuchas con atención el impacto de estas balas de plata en tu corazón. Entonces comenzará tu lucha, la definitiva y verdadera.



Esta Humanidad ha fracasado y camina hacia el ocaso. Las naciones están gobernadas por el poder del dinero, y sus ciudadanos en nada les importan. Este planteamiento no es subversivo, es la realidad. Te repito: mira hacia atrás y contempla la Historia. No habéis logrado nada y vuestro mundo va directo hacia la distopía, ahí es donde os llevan vuestros dirigentes. Sois, para ellos, un número nada más, una pieza dentro de un mecanismo productivo para llenar sus bolsillos. Y mandarán a sus gobernados como animales al matadero para luchar por su dinero, piezas de un macabro juego que ya están planeando. Al llegar el momento debes saber rechazarlo, alejarte ahora en tus pensamientos y convicciones. La mentira y la coacción es su ideología, con ella someten a la Humanidad, y tú no serás cómplice de semejante engaño ni marioneta de nadie. Corta los hilos, corta los hilos…



Balas de plata, balas de plata para tu corazón; eso es lo que yo te entrego.



Sé que corremos peligro por pensar diferente, por creer en el amor y en la paz, esos valores que ahora son subversivos para ellos. ¿Cómo puedes creer en tus dirigentes cuando hacen la guerra, cuando desvirtuaron la verdad, cuando su moneda es la violencia? Muchos mueren de hambre y enfermedades mientras ellos siguen fabricando armas para el exterminio. Ya se ha dicho muchas veces: El hombre es el lobo del hombre.



¿Ves? Tú ya no eres así. Prométeme que no matarás a tus semejantes, que no serás como ellos. Ésta es la única vida que tienes para abrir la puerta, no pierdas la oportunidad de ver la luz que allí te espera. Nada es comparable con la dicha de saberse limpio, para encontrar la vida que se esconde detrás de su término. Ahí es donde inicia la conciencia ilimitada de la que ya estás formando parte. Tú vivirás por siempre, no lo olvides, en el recuerdo de esta Humanidad vencida y en los espacios infinitos de un lugar que está por encima del tiempo.



Mira las estrellas en una noche despejada y comprobarás la grandiosidad del Cosmos. ¿Cuánto hace que no las mirabas? Ya se perdió el contacto con la Obra de la Creación, con una naturaleza cada vez más cercana a su exterminio. Al menos la mano del hombre no llega a los astros para mancillarlos como hacen con su planeta. La Humanidad es mucho peor que una plaga de ratas en un hospital, que una guardería infantil repleta de cucarachas. El humano destruye su planeta día a día en aras de una prosperidad difusa, y nada le importa, la agresión continuará sin cesar hasta acabar con todo. ¡Qué más dará la herencia para sus descendientes! El hoy es lo único que importa mientras pisotean lo que encuentran a su paso. Crean leyes y más leyes, cuando transgreden las fundamentales, las impuestas por un juicio que escapa de su cognición.



Los humanos, como ves, sólo pueden apreciar el presente y siempre aferrados a la materia, a esos papeles de colores con los que pueden pagar todos sus caprichos, por los que incluso son capaces de matar. Amasar grandes cantidades de dinero es lo primordial, la ambición de una mayoría. ¡Qué poco vale la vida! ¡Esos papeles de colores son más valiosos que el llanto de un niño cuando muere de hambre!



Tú, al menos, ya no eres como todos ellos, eres posthumano. La diferencia es grande porque ya no perteneces a la especie más depredadora del Universo, la especie de los asesinos, los que matan a sus semejantes, los que pretenden acabar con la vida en su planeta. Ellos todavía no te reconocen porque exteriormente te perciben igual. Eres ahora un extraño en su mundo infame, esperando el momento de la redención. Tú lucharás por establecer las bases de un mundo diferente.



Los posthumanos algún día poblarán este planeta, ellos resurgirán de las cenizas de una civilización perdida y después de aprender la lección más dura y ante el ejemplo de la barbarie sucedida: de ríos de sangre, pestilencias y destrucción.



Los que hacen de este mundo lo que es, tienen el mismo valor que una mierda de perro pegada en la suela de tu zapato, porque ellos jamás verán la luz. Qué rían y disfruten mientras puedan, pues su tiempo es corto, tanto como el suspiro de quien encuentra la inmortalidad después de la muerte. ¿Qué sentido tendría la vida? Yo te digo que detrás de tu existencia material hay mucho más, pues de allí proviene esta voz que te habla. Ya te advertí que yo no miento, pues la mentira es un atributo de la especie humana. Algún día te darás cuenta de todo esto y lo verás tan claro para no ser capaz de dar macha atrás.



Esta voz vino a buscarte desde muy lejos, desde más allá de las estrellas, y todo para convencerte de que eres especial. Tienes el poder que yo te entrego, al menos para discernir el engaño que inunda este planeta. Es el presente lo que engendra el futuro, y cuando la semilla no es buena es imposible que el árbol y el fruto lo sean. Yo te enseñaré el árbol de la vida y de la muerte, la semilla ya la conoces. Mi mayor secreto ya fue develado. Piensa lo que quieras, da mil vueltas a esa idea y saca una conclusión. Es difícil de comprender, pues todo está y no está por escapar de una ley que compete a la materia. Es mucho más de lo que es y mucho menos que nada, pero siempre permanece por encima de todo, dentro y fuera de su energía inmaterial. Es como un pensamiento, como esta voz… ¿la vas a medir? ¿osarías pesarla en una balanza? Entonces, ni siquiera te plantees dilucidar algo que está fuera de tu alcance. Todo es secreto cuando nada se comprende, no hay duda que se pueda esclarecer, no hay respuesta ante lo desconocido, y sólo debes creer a pesar de ese vacío. La vida es un laberinto con dos salidas: una hacia la oscuridad y otra hacia la luz. Es fácil de identificar los senderos, saber cuál de ellos debes seguir.



El ocaso de la Humanidad ya se acerca, y yo sólo tengo balas de plata para ti.”

lunes, 31 de mayo de 2010

Uno Asesinado

Uno Asesinado

By Diego Niño


Lo descubrieron. Yo estaba sentado en la plaza viendo cómo unos niños jugaban fútbol. No había mucha gente. Sólo los niños, y algunas niñas. Un tipo barbudo y de apariencia andrajosa estaba sentado en una banca. Al lado tenía un perro sarnoso. Lo descubrieron, los agentes del demonio. Estaba bebiendo un refresco de botella y todos creyeron, de repente, que se le había caído al piso. Fue una bala. Yo lo vi. Yo estaba sentado casi al frente él, pero a varios metros de distancia. El tipo no se movió. Los niños siguieron jugando, y entraron en escena unos tipos vestidos con sus trajes de ejecutivos grises, corbata y zapatitos de charol. Esa gente me da pena. Yo sé que tenían las pistolas bien ocultas. Ah, por cierto, uno de ellos llevaba una gorra de los yanquis, negra, y un cigarrillo.

El hombre de los yanquis se sentó a mi lado. El otro se detuvo a ver el partido. El perro le gruñó. El andrajoso se mantuvo quieto y en suspenso. Seguramente pensaba. Tenía pinta de consumir varios tipos de droga al mismo tiempo. Ese de allá, me dijo el yanqui sin dejar de sonreír y señalando al andrajoso, ese de allá es hombre muerto. ¿Yo qué podía decirle? ¿Yo, con mis canas, mis barbas y un ejemplar casi a punto de extinguirse de Santo Tomas de Aquino? Una ambulancia pasó a toda velocidad. Una moto con policías. Ninguno se detuvo. Yo sudaba. No se asuste, dijo el Yanqui, usted será el único espectador y el próximo de la lista, pero aun no. Eso solo significaba que yo era un hombre muerto.

Traté de levantarme de la banca, pero el yanqui se apresuro a cogerme de un brazo. Yo no me quiero ver metido en esto, le dije. No se preocupe, dijo y me mostró el arma. El otro tipo, el que estaba viendo el partidito de fútbol pegó la carcajada cuando vio mi rostro. Me volví a sentar, a esperar. Hagamos un trato, dijo el yanqui terminando de consumir el cigarrillo, usted va y llama a un policía y cuando llegue ya nos habremos ido. El tipo tiró el cigarrillo al piso y lo pisó de tal forma que ningún vagabundo pudiese recogerlo para fumar el filtro. Somos los que recogemos la basura, dijo. No nos gusta, pero nos toca. Si no, toda la ciudad estaría llena de vagabundos, drogadictos, alcohólicos, pestes humanas. Somos la parca funesta de los indigentes. A cada uno le tocará tarde o temprano. Somos la Policía Secreta y nadie nos descubrirá, porque no dejamos huellas.

Con eso me sentí marcado. Por eso yo era el siguiente. Me levanté y me fui a buscar a la policía. Cuando llegamos, el viejo andrajoso estaba muerto. Se apretaba el pecho y tenía una mueca de dolor y miedo. Le cerré los ojos. Un policía dijo que le había dado un ataque. Yo no podía hablar nada de los asesinos de pordioseros. Corrí a la Iglesia más cercana y les rogué asilo. Ahora trabajo limpiando el jardín, los baños, los pisos, las imágenes, las bancas, la ropa del cura, cocinando de vez en cuando, leyendo y rezando. Y escribiendo, porque algún día saldrá a la luz que a ese pobre mendicante lo habían descubierto y asesinado los exterminadores. La Policía Secreta.