viernes, 23 de marzo de 2012

El Catire del 17.



Cruz Daniela se sentía agotada. Eran casi las diez de la noche; a las once terminaba su guardia en el Hospital Universitario. Era la segunda del día, trabajaba de siete de la mañana a tres de la tarde en una clínica privada. A veces la dejaban salir unos minutos antes para que llegara a tiempo a la del hospital, que por suerte, quedaba cerca. Comenzaba a hacer su última ronda, aplicando tratamiento a los pacientes de aquel piso de Medicina III; dejó para el final al muchacho del cuarto privado número diecisiete. Ese a quien iban a operar dentro de tres días de un pequeño tumor cerebral. Nada serio, casi rutina. Se trataba de un joven de casi dieciocho años, estudiante de quinto año de ciencias y que aspiraba a entrar a la universidad para estudiar medicina y también, por ser un aficionado al canto muy talentoso, quería pertenecer al Orfeón Universitario desde el momento en que pisara “la casa que vence las sombras”.
--¿Qué hace todavía despierto mi catire?, mire que lo van a llevar muy tempranito mañana a Rayos X para hacerle una tomografía de esa cabezota.
--Hola Crucita, te esperaba para darte las buenas noches y entregarte estos versos que te escribí hoy por la tarde, para que cuando los leas te convenzas de cuánto te quiero.
--Ay mi niño bello, ya debes dejarte de eso. Yo soy para ti una enfermera y tú mi paciente favorito, pero no más de ahí.
--Pero tú me gustas mucho y me tratas muy bien, yo también te gusto ¿no? Además, voy a ser doctor y como tú eres enfermera, ya tenemos el mandado hecho.
--Puede ser que me gustes, pero yo soy una vieja para ti, ¿No te das cuenta? Tengo veintidós y tú diecisiete. Voy a tener que acabar de criarte.
--Me conformo con que me amamantes cada noche, cuando nos casemos –le dijo el chico dirigiendo una sugestiva mirada al generoso busto de la enfermera.
--Ja, ja, ja, qué tremendo estás hoy catirrucio. Para eso no haría falta que nos casásemos. Solamente con que fueras mayor de edad, para no verme en problemas con la “LOPNA”.
--Entonces no hay que esperar mucho. Cumpliré los dieciocho dentro de una semana.
--¿En serio papito? Felicitaciones adelantadas. Ojalá que tu postoperatorio sea rápido pa’ que puedan cantarte tu cumpleaños feliz en casita.
--Sí, ojalá- ¿Y qué tal si esta noche me das un besito de regalo anticipado? La hermosa morena volvió la mirada hacia la puerta para verificar que no hubiera a nadie y se acercó al joven.
--Tá` pago, un besito de adelanto pa’ que duermas y sueñes conmigo.
Tomó la cara del catire entre sus manos, lo miró fijamente a los ojos y después de un significativo suspiro, le dio un tierno beso en los labios. En serio el catire le gustaba pero se interponía la diferencia de edades y la naturaleza de su relación. Al separarse, él retuvo su mano.
--Te di ya el besito, es más de lo que aconseja la prudencia. –le dijo ella con ternura.
--Si me llega a pasar algo malo en la operación, prométeme que me vas a recordar siempre.
--A caballero, vamos por partes: primero: no te va a pasar nada que no sea curarte. Por otro lado, no podría olvidar a alguien tan especial para mí. Cuando salgas de aquí, no vamos a ver el primer día libre que tenga y lo voy a pasar completico contigo. Voy a darte el mejor regalo de cumpleaños que te hayan podido hacer en toda tu vida. Hasta mañana, ¡y dame mis versos!, los leeré
--¿Sabes? Cuando te vea fuera de aquí va a ser muy extraño para mí, porque estoy acostumbrado a verte con tu blanco uniforme. Luces preciosa con él.
Cuando llegó a su casa, rondando la media noche, encontró una nota de su hermana, con quien compartía la vivienda; en la nota le decía que estaba donde la vecina, esperando una llamada de casa de sus padres, en La Victoria y que regresaría pronto. Desabotonó su uniforme y se tendió y se tendió en la cama a descansar un poco y soñar despierta. Recordó los versos y sacó el papel de su bolso, leyó:
R,r,r. (eres)
Eres en mi vida
como la clara mañana en que nací.
No la recuerdo,
pero al verte la imagino.

Eres como la luz,
que el ciego intuye
y ansía ver,
así goza de colores
que sólo puede adivinar.

Eres mi estrella Polar,
mi guía, creo que sin ti,
perdería el rumbo
en el mar de la vida;
y más que a ella… ¡te amo!

Se colocó el papelito en el pecho y cerrando los ojos, suspiró. “¿Qué me está pasando con ese carajito?”. Lo que comenzó como un coqueteo inocente, más por simpatía, se estaba transformando en una atracción realmente fuerte. Sobre todo después de haber rozado sus labios; en ese instante sintió un estremecimiento como nunca antes; ni con los dos únicos novios que había tenido, allá en su pueblo natal.
La hermana la sacó de su ensoñación; llegó urgida con noticia de que su papá había sufrido un infarto y, que a pesar de hallarse bien atendido, sobre todo a tiempo; y haber sido ingresado en un centro asistencial, aún su estado de salud era delicado en extremo. Partieron casi enseguida con un primo de ellas, que también vivía en esa población y tenía carro. Por añadidura era ahijado del señor y por lo tanto le afectaba la novedad. Ya en la mañana, Crucita se comunicaría a sus dos empleos para obtener los correspondientes permisos. Durante el corto viaje, lejos de pensar en su padre, se sentía conturbada con la imagen del catire y el recuerdo del suave beso que se dieron. Miraba a lo lejos y sentía hincharse su pecho, por la emoción que le producía el sólo pensar en el presente de cumpleaños ofrecido. ¡Lo deseaba!, era una locura, pero deseaba al muchacho.
En las siguientes setenta y dos horas, ya su papá estaba fuera de peligro y Cruz ansiaba la hora de regresar al hospital, para ver a su catire. Apenas tuvo tiempo para ponerse el uniforme que tanto le gustaba a él y llegar al puesto de enfermeras del piso 5, para preguntar:
--¿Y mi catire del 17, cómo está hoy?
--¿No te has enterado Crucita?, el doctor Arizmendi lo operó esta mañana y cuando salió del quirófano, nos dijo con la voz entrecortada y lágrimas en los ojos: “Lo perdimos, ¡Santo Dios!, lo perdimos, no resistió la operación…”


Aunque lo dude… FIN.

3 comentarios:

  1. DIANA
    Hace 35 días

    Me gustó tu “”carajito” y especialmente me sorprendió la descripción que haces de lo que ella siente luego de haberlo besado, muy bien lograda ni que fueras mujer!!! Ja, Ja Una pregunta ¿él perdió el rumbo ante la ausencia de ella?
    Tal vez trabajaría un poco más el poema, quizás lo acortaría. Buweno es una idea….

    ResponderEliminar
  2. NEUROMANTE
    Hace 33 días

    Tus relatos son muy coloquiales, y eso es un mérito, porque nos haces que los recreemos con la imaginación. Muy bien como siempre.
    Solo dos observaciones: se repite “y se tendio” sobre la cama. Y la frase final con el fin, sale más que sobrando, según mi humilde opinión. Un abrazo.

    ResponderEliminar
  3. DIANA
    Hace 68 días
    Comparto tu opinión en cuanto a tu respuesta sobre el rumbo. Con respecto a lo femenino si bien lo dije graciosamente no creo que para mí sea posible reflejar desde la escritura lo que vivencia un hombre en situación similar con acierto. La magia del otro y más aún cuando ese otro es masculino ofrece fronteras a la indagación, reserva su mundo interior, creo que se puede suponer y a veces en eso se juega el escritor y lo logra, vos lo lograste en forma muy sencilla.Bien Héctor!

    ResponderEliminar